El distrito tecnológico de Barcelona, el 22@ parece decidido a convertirse en un banco de pruebas de inventos urbanos. Con el tiempo, tal vez la ciudad pueda añadir una nueva etiqueta a sus manufacturas. Además del made in Barcelona, podrá exhibir también un: tested in Barcelona (probado en Barcelona). Pese al natural escepticismo de muchos de sus vecinos, la capital catalana tiene un cierto renombre en las tecnologías para el medio urbano. Uno de los primeros ensayos será una moto solar ideada en Catalunya. La Guardia Urbana del distrito probará dos de estos artefactos. Nada nuevo aunque sí bien pensado cuando de lo que se trata es de buscar salidas de nivel para la economía productiva tan denostada en estos años de la dictadura del ladrillo. En realidad, las ciudades han sido desde siempre el banco de pruebas donde se experimenta lo que inventan sus industrias y universidades. El tranvía no habría regresado a las calles de Europa si hace veinte años algunas urbes francesas -Nantes fue la primera- no hubiesen convertido a sus habitantes en conejillos de Indias del complejo ferroviario de Alstom. Algo parecido ha sucedido con los corredores entre grandes ciudades del TGV francés, sin los que ahora España no lideraría la alta velocidad. En un terreno más doméstico, Barcelona, junto a otras ciudades europeas ya probó años atrás el bus de hidrógeno. Resultó demasiado caro. Ahora la ciudad ensaya el primer autobús de tecnología híbrida fabricado por los meritorios talleres gallegos Castrosúa. Pasen y prueben, esa es la idea. El Ayuntamiento de Barcelona está a punto de cerrar un acuerdo con Sunred, una empresa afincada en Martorell, que pretende poner en el mercado una moto solar. Se trata de un ciclomotor eléctrico que bien puede cargarse enchufado a la red o mediante la exposición durante 12 horas de los paneles solares que recubren el aparato cuando está parado. Desde luego que nadie pretenda que con ella se puedan perseguir a los cacos. No está concebida como una moto de gran cilindrada. Será una moto de servicio. Este artefacto ha sido ideado por Joan Orús, el ingeniero que a finales de los años noventa creó junto a un equipo de la UPC el Despertaferro, el primer vehículo solar construido en Catalunya. De hecho, hasta ahora, Sunred ha consagrado la mayor parte de su actividad a la ingeniería de vehículos deportivos. Sus coches han competido en las 24 horas de Le Mans. "Ahora queremos poner en valor todo nuestro conocimiento en el sector de la movilidad sostenible. Tenemos ya algunos socios y vamos a crear una nueva empresa. La hemos llamado Quimera. En la fabricación de estas primeras motos solares hemos invertido medio millón de euros. Para ponerlas en la calle prevemos gastar medio millón más. Confiamos en haber terminado nuestro trabajo a principios de verano", explica David García, responsable de todo el proyecto. Si la moto solar funciona, García Una explica que venderán la licencia de la tecnología. "No pretendemos convertirnos en una fábrica de motos. Nuestro negocio es la innovación". Esta moto fue premiada en el Salón del Automóvil de Barcelona del 2007 como la mejor novedad del año. Para entender un poco de qué va esto merece la pena detenerse en el lugar donde ahora trabaja Sunred. Se trata de la antigua sede de Edag, la ingeniería alemana de Seat en Martorell (Baix Llobregat). Hace algunos años fue casi íntegramente desmantelada. Hoy este edificio vuelve a estar lleno de pequeñas empresas, todas jóvenes, consagradas a desarrollar sus propios proyectos. Sunred es una de ellas. Quien no vea en ello algo interesante es que no entiende hacia dónde va el futuro. Todo encaja para la línea de trabajo en la que avanza la ciudad de Barcelona. "El Ayuntamiento -razona Jordi William Carnes, responsable del área económica municipal- ha impulsado hasta hoy la innovación en sus propios servicios. Es decir, cuando contratamos la recogida de basuras o compramos iluminación pedimos a las empresas que vamos a contratar que aporten mejoras tecnológicas porque sabemos que luego esto las hará más competitivas, mejores. Bien, ahora damos un paso más. La idea es ceder a innovadores particulares el espacio y los medios del Ayuntamiento para que pongan a prueba sus inventos". Esta estrategia había sido demandada hace ya largo tiempo por algunos grupos de innovación vinculados a la universidad que consideraban que Barcelona debía dar ese paso para dar mayores posibilidades a las innovaciones que se cuecen en el área metropolitana. Los gestores públicos del 22@, cuyo equipo fue renovado en profundidad tras la llegada de Jordi Hereu a la alcaldía, han creado un grupo de trabajo específico para este programa consagrado -y esa es la novedad fundamental- al sector privado. El 22@ ya había experimentado con, por ejemplo, la red pública de calor y frío, o el acceso libre de banda ancha en algunas zonas del distrito. Ahora se trata de dejar que el banco de pruebas se utilice también para innovaciones que no están vinculadas directamente a la infraestructura municipal. "Ya tenemos algunos proyectos en lista con los que vamos a cerrar acuerdos a lo largo del año que viene", explica una de las fuentes consultadas por La Vanguardia vinculadas al nuevo equipo. Tal vez habría que empezar a pensar en añadirle una e al 22@. Esta vocal se ha convertido en el símbolo identificativo de todos los nuevos productos vinculados a dos líneas básicas de la innovación urbana: la e de ecología y la e de eléctrico. David García, promotor de Quimera, pretende que, tras la moto solar, puedan poner a prueba en las calles del 22@ la primera red de abastecimiento para coches eléctricos en la ciudad. "Queremos introducir también una pequeña flota de coches y probar que es posible su funcionamiento siempre y cuando se les dote de puntos de abastecimiento. Hemos calculado que podríamos instalar 12 puntos en el distrito. Nuestra intención es demostrar a la gente que se puede circular con una energía alternativa y limpia". La propuesta está ya sobre la mesa del 22@, que por ahora se ha limitado a autorizar el ensayo de la moto
miércoles, 25 de febrero de 2009
El distrito tecnológico de Barcelona, el 22@ parece decidido a convertirse en un banco de pruebas de inventos urbanos. Con el tiempo, tal vez la ciudad pueda añadir una nueva etiqueta a sus manufacturas. Además del made in Barcelona, podrá exhibir también un: tested in Barcelona (probado en Barcelona). Pese al natural escepticismo de muchos de sus vecinos, la capital catalana tiene un cierto renombre en las tecnologías para el medio urbano. Uno de los primeros ensayos será una moto solar ideada en Catalunya. La Guardia Urbana del distrito probará dos de estos artefactos. Nada nuevo aunque sí bien pensado cuando de lo que se trata es de buscar salidas de nivel para la economía productiva tan denostada en estos años de la dictadura del ladrillo. En realidad, las ciudades han sido desde siempre el banco de pruebas donde se experimenta lo que inventan sus industrias y universidades. El tranvía no habría regresado a las calles de Europa si hace veinte años algunas urbes francesas -Nantes fue la primera- no hubiesen convertido a sus habitantes en conejillos de Indias del complejo ferroviario de Alstom. Algo parecido ha sucedido con los corredores entre grandes ciudades del TGV francés, sin los que ahora España no lideraría la alta velocidad. En un terreno más doméstico, Barcelona, junto a otras ciudades europeas ya probó años atrás el bus de hidrógeno. Resultó demasiado caro. Ahora la ciudad ensaya el primer autobús de tecnología híbrida fabricado por los meritorios talleres gallegos Castrosúa. Pasen y prueben, esa es la idea. El Ayuntamiento de Barcelona está a punto de cerrar un acuerdo con Sunred, una empresa afincada en Martorell, que pretende poner en el mercado una moto solar. Se trata de un ciclomotor eléctrico que bien puede cargarse enchufado a la red o mediante la exposición durante 12 horas de los paneles solares que recubren el aparato cuando está parado. Desde luego que nadie pretenda que con ella se puedan perseguir a los cacos. No está concebida como una moto de gran cilindrada. Será una moto de servicio. Este artefacto ha sido ideado por Joan Orús, el ingeniero que a finales de los años noventa creó junto a un equipo de la UPC el Despertaferro, el primer vehículo solar construido en Catalunya. De hecho, hasta ahora, Sunred ha consagrado la mayor parte de su actividad a la ingeniería de vehículos deportivos. Sus coches han competido en las 24 horas de Le Mans. "Ahora queremos poner en valor todo nuestro conocimiento en el sector de la movilidad sostenible. Tenemos ya algunos socios y vamos a crear una nueva empresa. La hemos llamado Quimera. En la fabricación de estas primeras motos solares hemos invertido medio millón de euros. Para ponerlas en la calle prevemos gastar medio millón más. Confiamos en haber terminado nuestro trabajo a principios de verano", explica David García, responsable de todo el proyecto. Si la moto solar funciona, García Una explica que venderán la licencia de la tecnología. "No pretendemos convertirnos en una fábrica de motos. Nuestro negocio es la innovación". Esta moto fue premiada en el Salón del Automóvil de Barcelona del 2007 como la mejor novedad del año. Para entender un poco de qué va esto merece la pena detenerse en el lugar donde ahora trabaja Sunred. Se trata de la antigua sede de Edag, la ingeniería alemana de Seat en Martorell (Baix Llobregat). Hace algunos años fue casi íntegramente desmantelada. Hoy este edificio vuelve a estar lleno de pequeñas empresas, todas jóvenes, consagradas a desarrollar sus propios proyectos. Sunred es una de ellas. Quien no vea en ello algo interesante es que no entiende hacia dónde va el futuro. Todo encaja para la línea de trabajo en la que avanza la ciudad de Barcelona. "El Ayuntamiento -razona Jordi William Carnes, responsable del área económica municipal- ha impulsado hasta hoy la innovación en sus propios servicios. Es decir, cuando contratamos la recogida de basuras o compramos iluminación pedimos a las empresas que vamos a contratar que aporten mejoras tecnológicas porque sabemos que luego esto las hará más competitivas, mejores. Bien, ahora damos un paso más. La idea es ceder a innovadores particulares el espacio y los medios del Ayuntamiento para que pongan a prueba sus inventos". Esta estrategia había sido demandada hace ya largo tiempo por algunos grupos de innovación vinculados a la universidad que consideraban que Barcelona debía dar ese paso para dar mayores posibilidades a las innovaciones que se cuecen en el área metropolitana. Los gestores públicos del 22@, cuyo equipo fue renovado en profundidad tras la llegada de Jordi Hereu a la alcaldía, han creado un grupo de trabajo específico para este programa consagrado -y esa es la novedad fundamental- al sector privado. El 22@ ya había experimentado con, por ejemplo, la red pública de calor y frío, o el acceso libre de banda ancha en algunas zonas del distrito. Ahora se trata de dejar que el banco de pruebas se utilice también para innovaciones que no están vinculadas directamente a la infraestructura municipal. "Ya tenemos algunos proyectos en lista con los que vamos a cerrar acuerdos a lo largo del año que viene", explica una de las fuentes consultadas por La Vanguardia vinculadas al nuevo equipo. Tal vez habría que empezar a pensar en añadirle una e al 22@. Esta vocal se ha convertido en el símbolo identificativo de todos los nuevos productos vinculados a dos líneas básicas de la innovación urbana: la e de ecología y la e de eléctrico. David García, promotor de Quimera, pretende que, tras la moto solar, puedan poner a prueba en las calles del 22@ la primera red de abastecimiento para coches eléctricos en la ciudad. "Queremos introducir también una pequeña flota de coches y probar que es posible su funcionamiento siempre y cuando se les dote de puntos de abastecimiento. Hemos calculado que podríamos instalar 12 puntos en el distrito. Nuestra intención es demostrar a la gente que se puede circular con una energía alternativa y limpia". La propuesta está ya sobre la mesa del 22@, que por ahora se ha limitado a autorizar el ensayo de la moto
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Nueva Moto Solar
martes, 24 de febrero de 2009
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